Planeta Tierra - GIFMANIA

Historia geológica de la tierra

Caminando por el pasado.

Supereón: Precámbrico

Eón: Hádico,Arcaico,Proterozoico.

Era: Paleozoica

Periodo: Cambrico,Ordovícico,Sílurico,Devónico,Carbonífero y Pérmico.

Era: Mesozoica

Periodo: Triásico,Jurásico y Cretácico.

Era: Cenozoica

Periodo: Terciario,Cuartenario y Contemporania.

lunes, 21 de agosto de 2017

El cocodrilo gigante "Razana"


Poco se sabe sobre el origen y la evolución de los notosuquios, suborden de los Notosuchia. Ahora, un nuevo estudio de restos fósiles de Madagascar comienza a esclarecer el linaje de estos arcosaurios.
 
La isla de Madagascar es un auténtico oasis de conocimiento sobre los grandes saurios que poblaron este planeta. Desde un joven titanosaurio perfectamente conservado, hasta el descubrimiento de nuevas especies carnívoras, la isla del sureste africano acumula miles de secretos sobre la biología de las especies y su evolución. Pero también atesora secretos sobre los monstruos depredadores del pasado. Y hoy se desvela uno de ellos: el que corresponde al carnívoro terrestre más grande que habitó Madagascar durante el Jurásico Medio.
 
El cocodrilo gigante conocido como "Razana" era un antepasado del Sarcosuchus, el cocodrilo gigante del Cretácico que devoraba dinosaurios. Pertenece al suborden de los Notosuchia, unos cocodrilomorfos de los que se sabe muy poco al respecto de su origen y temprana evolución, y cuya existencia se desconocía hasta ahora en el período Jurásico. Pero una nueva investigación sobre fósiles en Madagascar, publicada en la revista PeerJ por un equipo de paleontólogos liderados por el doctor Cristiano Dal Sasso, ha arrojado algo de luz sobre la brecha evolutiva de un millón de años entre ambos reptiles.
 
Cristiaano Dal Sasso, Paleobiólogo del Museo de Historia Natural de Milán y autor del estudio explica que como sucede con otros cocodrilos gigantes del Cretacio, "‘Razana’ podría haber competido con los dinosaurios Terópodos por estar en lo más alto de la cadena alimentaria”.
 
Tras examinar los huesos del dinosaurio extinto, los paleontólogos destacan su mandíbula gigante armada con dientes en forma de sierra, similares a los del Tyrannosaurus rex que se alimentaba de tejidos duros como huesos y tendones.
 
En el análisis filogenético –estudio de la relación de parentesco entre especies–, los investigadores señalan que R. sakalavae es un mesoeurococodrilo y que vivió durante el periodo en el que este grupo de dinosaurios aumento de forma exacerbada su tamaño corporal.
 
Los científicos aseguran que las características anatómicas de este animal le ubican en el grupo de los notosuquios, una clasificación conformada por predadores de hábitats terrestres, que se diferencian de los cocodrilos actuales en la forma cráneo y en sus potentes extremidades.
 
“La posición geográfica de 'Razana', durante la época en la que Madagascar se separaba de otras masas de tierra, sugiere que se produjo un linaje endémico y que los notosuquios provienen del sur de Gondwana”, concluye el autor principal Simone Maganuco.




jueves, 6 de julio de 2017

Eurypterus

Es un género de euriptéridos que vivió en el periodo Silúrico, hace 420 millones de años. El euríptero se suele describir como un escorpión marino ya que tenía una afilada aguja en su cola, que probablemente usaba en el combate, pero es miembro de la superclase Merostomata un grupo de artrópodos que actualmente incluye únicamente al cangrejo herradura y que no está directamente emparentada con los escorpiones que pertenecen a otra clase distinta, los arácnidos.
El primer fósil de Eurypterus fue hallado en 1818 por S. L. Mitchill, un coleccionista de fósiles. Fue recuperado en la Formación Bertie de New York (cerca de Westmoreland, en el condado de Oneida). Mitchill interpretó los apéndices del caparazón como bigotes sobresaliendo de la boca. En consecuencia él identificó al fósil como un pez gato del género Silurus.
Fue solo siete años después, en 1825, que el zoólogo estadounidense James Ellsworth De Kay identificó correctamente el fósil como el de un artrópodo. Él lo denominó Eurypterus remipes y estableció al género Eurypterus en el proceso. El nombre significa "ala ancha" o "aleta amplia", en referencia a sus extremidades natatorias, derivado del griego εὐρύς (eurús, ancho) y πτερόν (pteron, ala).
Muchos fósiles fueron recuperados en gran abundancia en el área de Nueva York en el siglo XIX, y en varias parte de Eurasia y el este de Norteamérica. Actualmente, los restos de Eurypterus hacen que sea uno de los géneros de euriptéridos mejor conocidos y más abundantes, abarcando más del 95% de todos los fósiles conocidos de euriptéridos.


 
Clasificación del Eurypterus

El género Eurypterus pertenece a la familia Eurypteridae que está incluida a su vez en la superfamilia Eurypteroidea, el suborden Eurypterina, el orden Eurypterida, y el subphylum Chelicerata. Hasta hace poco, los euriptéridos fueron considerados como miembros de la clase Merostomata junto al orden Xiphosura. Se cree que más bien los euriptéridos son el grupo hermano de Arachnida, más cercanos por tanto a los escorpiones y arañas que a los cangrejos de herradura.
Eurypterus fue el primer taxón reconocido de euriptéridos y es el más común. En consecuencia, casi todos los euriptéridos remotamente parecidos fueron clasificados durante el siglo XIX bajo este género (exceptuando a los bien diferenciados miembros de las familias Pterygotidae y Stylonuridae). El género fue eventualmente dividido en varios géneros a medida que se desarrollaba la ciencia de la taxonomía.
 


  Morfología del Eurypterus

Los euriptéridos se encuentran entre los mayores artrópodos conocidos que hayan existido. La mayor especie conocida (Jaekelopterus rhenaniae) alcanzaba más de 2,5 metros de longitud, un tamaño cercano al de un cocodrilo. Las especies de Eurypterus, por su parte, eran mucho más pequeñas.
Eurypterus remipes medía por lo general entre 13 a 20 centímetros de longitud. Eurypterus lacustris tenía mayores tamaños en promedio, de 15 a 23 centímetros. El mayor ejemplar de E. remipes mide 1,3 metros de largo, y se exhibido en el Instituto de Investigación Paleontológica de Nueva York.
Los fósiles de Eurypterus frecuentemente aparecen en tamaños parecidos en un área dada. Esto puede ser resultado de que los fósiles fueran "ordenados" en hileras a medida que fueron depositados en las aguas someras por acción de las tormentas y las olas.



Anatomía del Eurypterus

El cuerpo de Eurypterus se divide dos partes, el prosoma y el opistosoma (a su vez dividido en el mesosoma y el metasoma).

El prosoma es la parte delantera del cuerpo, que se compone de seis segmentos fusionados para formar la cabeza y el tórax (cefalotórax. Posee un caparazón semicircular o subrectangular en forma de placa. En el lado dorsal de este último hay dos grandes ojos compuestos en forma de luna creciente. También poseían dos ojos simples más pequeños, sensibles a la luz (los ocelos medios) cerca del centro del caparazón en una pequeña elevación (conocida como el montículo ocelar). Bajo el caparazón se encuentra la boca y seis apéndices, usualmente referidos con los números romanos I-VI. Cada apéndice a su vez se compone de nueve segmentos (conocidos como podómeros) etiquetados con números arábigos 1-9. Los primeros segmentos que conectan los apéndices al cuerpo son conocidos como coxas.

El primer par (apéndice I) corresponde a los quelíceros, pequeños apéndices acabados en pinzas usados para separar en trozos su comida durante la alimentación (masticación). Después de los quelíceros hay tres pares de patas cortas (apéndices II, III y IV) provistos de dos espinas en cada podómero, mientras que el segmento terminal solo tiene una espina. Los dos últimos segmentos son con frecuencia indistinguibles y dan la apariencia de un único segmento con tres espinas. Se usaban tanto para caminar como para capturar presas. El siguiente par (apéndice V) es más largo que los tres primeros pares y casi sin espinas, exceptuando al segmento de la punta. El último par (apéndice VI) está transformado en anchas patas en forma de aleta usadas para nadar. Las coxas de los apéndices VI son amplias y aplanadas, asemejándose a una "oreja".

El opistosoma (abdomen) se compone de 12 segmentos, cada uno consistente de una placa superior fusionada (tergito) y una placa inferior (esternito).

Basándose en la amplitud y estructura de cada segmento, pueden ser divididos en el ancho preabdomen (segmentos 1 a 7) y el estrecho postabdomen (segmentos 8 a 12). El preabdomen son los segmentos anchos de la parte anterior del opistosoma mientras que el postabdomen son los últimos cinco segmentos del cuerpo de Eurypterus. Cada uno de los segmentos del postabdomen contienen salientes laterales aplanados conocidos como epímeros con la excepción del último segmento en forma de aguijón (estiliforme) conocido como el telson (la "cola"); de ahí el nombre de "escorpiones de mar". El segmento inmediatamente precedente al telson (el cual es también el mayor de los epímeros del postabdomen) es conocido como el pretelson.

Una forma alternativa de dividir el opistosoma es por su función. Puede ser dividido entonces en el mesosoma (segmentos 1 a 6), y el metasoma (segmentos 7 a 12). El mesosoma contiene las branquias y los órganos reproductivos de Eurypterus. Sus segmentos ventrales se superponen a unas placas derivadas de los apéndices conocidas como Blatfüsse (en singular Blatfuss, del alemán para "pie lámina"). Protegidos dentro de estos están las cámaras branquiales que contienen los órganos respiratorios de Eurypterus. El metasoma, por su parte, no posee Blatfüsse.

Los principales órganos respiratorios de Eurypterus son los pulmones en libro, localizados en cámaras branquiales dentro de los segmentos del mesosoma. Estos habrían sido usados para la respiración por debajo del agua. Se componen de varias capas de tejido delgado apiladas que se asemejan a las páginas de un libro, de ahí su nombre. Adicionalmente, también tenían cinco pares de áreas de forma oval cubiertas con proyecciones microscópicas en el techo de la segunda cámara branquial dentro del mesosoma, inmediatamente debajo de los tractos de las branquias. Estas áreas son conocidas como Kiemenplatten (o tractos branquiales, aunque se prefiere el primer término). Estos son únicos de los euriptéridos.

El exoesqueleto de Eurypterus está frecuentemente cubierto con pequeñas excrecencias conocidas como ornamentación. Estos incluyen pústulas (pequeñas protrusiones), escamas y estriaciones.18 Estas varían de acuerdo con la especie y son usadas para su identificación. Para una descripción más detallada de cada especie de Eurypterus, véase la sección correspondiente.





Distribución y rango de tiempo geológico

Las especies de Eurypterus existieron por un período relativamente corto de tiempo, aunque son los euriptéridos más abundantes encontrados en la actualidad. Florecieron entre el final de la época Llandovery (hace cerca de 432 millones de años) hasta algún momento durante la época Prídolí (hace 418.1 millones de años) durante el período Silúrico. Un período de solo 10 a 14 millones de años.

Durante este período, las masas terrestres se restringían en su mayoría al hemisferio sur de la Tierra, con el supercontinente de Gondwana extendiéndose por el Polo Sur. El ecuador tenía tres continentes (Avalonia, Baltica y Laurentia) los cuales se desplazaron lentamente juntos para formar el segundo supercontinente de Laurusia (también conocido como Euramérica; no debe ser confundido con Laurasia).

Se cree que los ancestros de Eurypterus se originaron en Baltica (el este de Laurussia, actualmente el occidente de Eurasia) basándose en los registros fósiles más tempranos. Durante el Silúrico, se extendieron a Laurentia (el oeste de Laurusia, actualmente Norteamérica) cuando ambos continentes empezaron a colisionar. Colonizaron rápidamente el continente como una especie invasiva, convirtiéndose en el euriptérido más dominante en la región. Esto explicaría porqué son un género tan comúnmente hallado. Sin embargo, Eurypterus (y otros miembros de Eurypteroidea), fueron incapaces de cruzar las vastas extensiones de océano entre los dos supercontinentes durante el Silúrico. Su rango se limitó por tanto a la línea costera de los grandes mares interiores poco profundos e hipersalinos de Laurusia.

Sus fósiles solo se han encontrado en América del norte, Europa y el noroeste de Asia, que son los cratones de los que se compuso en su momento Laurusia. Aunque se descubrieron supuestamente tres especies de Eurypterus en China en 1957, no existe evidencia de que realmente pertenezcan al género (o si incluso son euriptéridos). Tampoco se conocen hallazgos de Eurypterus en los continentes modernos que formaron Gondwana.






martes, 13 de junio de 2017

Adeopapposaurus



Es un género representado por una única especie de dinosaurio sauropodomorfo masospondílido, que vivió a principios del período Jurásico, entre 200 a 183 millones de años, desde el Hettangiense al Pliensbachiense, en lo que hoy es Sudamérica. Encontrado en la Formación Cañón del Colorado de la Provincia de San Juan, Argentina. Es muy similar a Massospondylus y en un principio se le consideró como dicha especie. Se conocen cuatro esqueletos parciales con dos cráneos. El primer ejemplar fue descubierto por el paleontólogo argentino Ricardo N. Martínez. El espécimen tipo, PVSJ568, incluye un cráneo y la mayor parte de un esqueleto hasta apenas más allá de las caderas. La forma de los huesos en el extremo de las mandíbulas superiores e inferiores sugiere que tuviera un pico de queratina. El fósil ahora llamado Adeopapposaurus, por su largo cuello, fue visto en un primer momento para representar un ejemplar sudamericano de Massospondylus, aunque éste no es el caso, Adeopapposaurus se clasifica como perteneciente a Massospondylidae. Adeopapposaurus fue descrito en 2009 por Ricardo N. Martínez. La especie tipo es A. mognai, en referencia de la localidad de Mogna donde ha sido encontrado.





Habita del adeopapposaurus





lunes, 12 de junio de 2017

El oído de las primeras ballenas era similar al de los animales terrestres


Las ballenas confían en un agudo sentido de la audición para su existencia submarina. Pero no todas tienen la misma capacidad auditiva. Las barbadas sintonizan los sonidos infrasónicos –a frecuencias demasiado bajas para que los humanos puedan oírlas– para comunicarse a largas distancias. Las dentadas hacen exactamente lo contrario, emiten frecuencias ultrasónicas demasiado altas para que los humanos las escuchen.
 
Investigadores del Instituto de las Ciencias Evolución de la Universidad de Montpellier (Francia) publican en la revista Current Biology evidencias fósiles de especies de ballenas protocétidas tempranas. Los restos de 45 millones de años se hallaron en depósitos marinos de Togo en África occidental e indican que esas diferencias en el oído surgieron después de que las ballenas evolucionaran en los animales totalmente acuáticos que conocemos hoy en día.
 
El trabajo se basa en descubrimientos sobre estas ballenas extintas que pasaban tiempo tanto en el agua como en la tierra y que parecen tener más audición que sus parientes terrestres como cerdos, hipopótamos y camellos.
 
"Encontramos que la cóclea de los protocétidos era distinta en las ballenas y delfines existentes, y que tenían capacidades auditivas cercanas a las de sus parientes terrestres", explica Maeva Orliac de la Universidad de Montpellier y coautora del estudio.
 
La falta de especialización en la audición de los protocétidos sugiere que las primeras ballenas no pudieron comunicarse a través de llamadas de larga distancia de la misma manera que lo hacen los cetáceos modernos del grupo de las ballenas y los delfines.

 
 
 
Los investigadores estudiaron el laberinto óseo, una cavidad hueca que habría alojado el órgano auditivo, en dos de estas especies de ballenas tempranas.
 
Los expertos utilizaron microtomografía computarizada para observar dentro de las estructuras internas de las rocas y los fósiles, de la misma manera que un escáner de rayos X hace posible ver los huesos dentro del cuerpo de una persona. Esas imágenes les permitieron analizar las cavidades internas del hueso petroso, que alberga los órganos de la audición y el equilibrio.
 
"Basándonos en las exploraciones proporcionadas por el escáner pudimos extraer un molde virtual de la cavidad hueca que solía contener el órgano auditivo cuando el animal estaba vivo", dice Orliac. "Este proceso fue largo y difícil –añade– debido a que esta cavidad estaba llena de sedimentos y parcialmente recristalizada, y porque el hueso petroso en los cetáceos es particularmente grueso y denso, lo que disminuye la calidad de imágenes e impide a veces analizarlas".

Sin embargo, las exploraciones apuntan a que la especialización de la audición infrasónica o ultrasónica, tal como se observa en las ballenas modernas, llegó más tarde, cuando las ballenas ya habían encontrado su camino de regreso al mar.

Los hallazgos destacan la importancia de estudiar estos primeros cetáceos para obtener una imagen precisa de la historia evolutiva de las ballenas. También sugiere que el pasado de las ballenas es más complicado de lo que se había descrito anteriormente, según los investigadores.

Orliac asegura que regresarán a Togo en diciembre para buscar especímenes adicionales de ballenas protocétidas. Hasta ahora han descrito dos de tres especies identificadas en Togo basadas en restos dentales y esperan encontrar un espécimen que les permita explorar el oído del tercero.





lunes, 5 de junio de 2017

Una "serpiente alada" fosilizada es de una especie hasta ahora desconocida

 
Un yacimiento paleontológico en el este de Tennessee, Estados Unidos, aporta pistas sobre una importante época de transición en la historia evolutiva de las serpientes. Entre las criaturas fosilizadas encontradas ahí, se halla una especie de serpiente que vivió hace 5 millones de años y que constituye una especie de la que no se tenía conocimiento previamente.
 
Este estudio, realizado por el equipo de Steven Jasinski, de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos, supuso muchas horas de examen detallado de cientos de fósiles de serpiente teñidos por un mineral oscuro. Al final, la mayor sorpresa fue el descubrimiento de vértebras que no coinciden con las de ninguna especie conocida de serpiente, viva o extinta. Los investigadores bautizaron a la especie, de un nuevo género, como Zilantophis schuberti.
 
Las serpientes no poseen patas, pero tienen un alto número de vértebras. Estos son a menudo los huesos que los paleontólogos utilizan para identificar las serpientes fósiles.
 
La Zilantophis llevaba unas proyecciones parecidas a alas a los lados de sus vértebras. En vida, probablemente eran puntos de unión para los músculos de la espalda. Este conjunto de rasgos es lo que inspiró el nombre del nuevo género, derivado de la Zilant, una serpiente alada de la mitología rusa.
 
La Zilantophis era una serpiente pequeña. Vivía probablemente en la hojarasca, quizás excavando un poco y comiendo pequeños peces o más posiblemente insectos. Era demasiado pequeña para poder comerse un roedor de tamaño normal.
 
 
 

viernes, 2 de junio de 2017

El antepasado de la ballena barbada se alimentaba por succión

Científicos del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales han hallado en la cuenca del río Pisco (Perú) el fósil de una nueva especie de ballena que supondría el paso evolutivo entre las ballenas arcaicas, los basilosáuridos, y las ballenas barbadas (Mysticeti).
La gran diferencia se encuentra en la dentadura. Este espécimen tenía dientes y se alimentaba por succión. Perseguía y cazaba a sus presas, succionándolas en su gran boca, mientras que los basilosáuridos eran cazadores activos con bocas que servían para morder y atacar, similares a las orcas.
Los misticetos, sin embargo, se alimentan por filtración. En lugar de dientes tienen unas fibras de queratina llamadas comúnmente ‘barbas de ballena’. La ballena barbada se alimenta de pequeños animales marinos, como los camarones, que se quedan atrapados en esas ‘barbas’.
La nueva criatura vivió en el Eoceno tardío, hace unos 36,4 millones de años, según los investigadores. Teniendo en cuenta el ejemplar desenterrado, estos animales medirían unos 3,75 y 4 metros de largo. Por sus dientes, los paleontólogos lo han bautizado como Mystacodon selenensis (misticeto dentado), en el estudio que se publica esta semana en la revista Current Biology.
“Este hallazgo llena el gran vacío en la historia de este grupo animal, y da pistas sobre la ecología de los primeros misticetos”, explica el paleontólogo y coautor del estudio Olivier Lambert, del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Los científicos creen que el Mystacodon representa el paso intermedio entre la caza y la alimentación por filtración, y entre los antiguos basilosáuridos y los misticetos modernos.



jueves, 1 de junio de 2017

Identifican la especie de un embrión de dinosaurio hallado en los años 90

 
 
En el año 1990, un grupo de científicos halló los huevos fósiles y un embrión de dinosaurio en Henan (China) que se popularizó con el nombre de Baby Louie. Pero no ha sido hasta ahora que un equipo internacional de científicos de varias instituciones chinas, canadienses y eslovacas ha podido determinar a qué especie pertenecía. Se trata de un nuevo Oviraptor al que han denominado Beibeilong.

“Este oviraptorosaurio en particular habría sido un gigante en comparación con la mayoría de sus parientes más cercanos. Estos dinosaurios eran robustos y tenían un pico desdentado. Con frecuencia llevaban una cresta en la parte superior de la cabeza y la mayoría estarían probablemente cubiertos de plumas”, dice a Sinc Darla Zelenitsky, profesora de la Universidad de Calgary (Canadá) que formó parte del equipo de investigación que describió el fósil.




 
Los investigadores han publicado el hallazgo en la revista Nature Communications a partir de una serie de fósiles que en un principio habían sido exportados fuera del país. "Estos restos en particular estuvieron fuera de China más de 20 años y su regreso finalmente nos permitió estudiar adecuadamente el espécimen y nombrar una nueva especie de dinosaurio, Beibeilong sinensis o dragón bebé de China", dice Lü Junchang, paleontólogo en el Instituto de Geología de la Academia China de Ciencias Geológicas y coautor del estudio.

En la actualidad se encuentran custodiados por el Museo Geológico de Henan. "Los fósiles fueron originalmente recogidos por los agricultores en la provincia de Henan de China en 1993 y exportados de China a los EE UU. Los huevos y el embrión ganaron fama internacional cuando fueron presentados en un artículo de National Geographic en 1996, pero era imposible describirlos en una revista científica y nombrar la nueva especie hasta que los fósiles no fueran repatriados a China", apunta Philip Currie, profesor de investigación de la Universidad de Alberta (Canadá).

Según explica Zelenitsky, "los embriones de dinosaurios son extremadamente raros y su descubrimiento puede decirnos cómo crecieron y cambiaron los dinosaurios a través de su vida. Basándonos en el tamaño del huevo sabemos que los oviraptorosaurios gigantes crecían con bastante rapidez".

Los autores de este trabajo describen a la nueva especie gigante de oviraptorosaurios como el dinosaurio más grande conocido que se ha sentado en su nido y cuidó a sus crías. Los huevos tienen 45 centímetros de largo y pesan unos cinco kilogramos, lo que los convierte en uno de los huevos de dinosaurio más grandes jamás descubiertos. Se encontraron en una puesta en forma de anillo, que formaba parte de un nido que tenía entre unos dos y tres metros de diámetro, y que probablemente contenía dos docenas o más de huevos.


"Durante muchos años fue un misterio qué tipo de dinosaurio puso estos enormes huevos y creó los nidos. Fósiles de grandes terópodos, como los tiranosaurios, también se encuentran en las rocas de Henan y por ello algunas personas pensaron inicialmente que podían haber pertenecido a un Tiranosaurio”, añade Zelenitsky.

La investigación se centró en el estudio de los huesos de un embrión que murió al eclosionar de uno de los huevos. Aunque los huesos de los dinosaurios adultos no se conocen, probablemente alcanzaran los ocho metros de largo y las tres toneladas de masa corporal, al compararlos con parientes cercanos.

“Gracias a este fósil, ahora sabemos que estos huevos fueron colocados por un gigantesco oviraptorosaurio, un dinosaurio que se habría parecido mucho a una gran ave casuaria. Habría sido un espectáculo ver cómo un animal de tres toneladas estaba sentado en su huevada", concluye la científica.