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martes, 29 de noviembre de 2016

Metano: una amenaza latente para México.



El metano es un gas de efecto invernadero extremadamente potente, con más de 80 veces la capacidad de calentamiento del dióxido de carbono. Los científicos estiman que ha contribuido a alrededor del 25% del calentamiento actual, además de constituir un precursor del ozono. Ambos gases afectan a la calidad del aire y erosionan la salud humana. 

La nube de metano procede de la producción, procesamiento y distribución del petróleo y el gas natural. La NASA también señala que el 10% de las empresas involucradas son responsables de más de la mitad de las emisiones. 


Esto es sólo el ejemplo más de una larga lista de estudios científicos que han demostrado que existen determinadas instalaciones que producen substancial y desproporcionadamente más emisiones y a este subconjunto lo han denominado súper-emisores.



México

De acuerdo con un informe que compila las emisiones en todo el mundo, México es el quinto mayor emisor de gas metano del planeta. El último muestreo determinó que la cuarta parte de las emisiones totales de metano de México provienen del sector del petróleo y el gas natural.

 Por esta razón es importante que las autoridades se tomen en serio este problema, porque no solo les afecta a los mexicanos el metano que ellos mismos producen, sino que, si se unen ambas masas, el aire del país se hará más tóxico e irrespirable aún.

Medidas

Existen un montón de soluciones para afrontar el problema del metano de la industria del petróleo y el gas, que están disponibles y tienen un muy bajo costo. Un análisis reciente, por ejemplo, demostró que México podría lograr una reducción del 45% en la contaminación por gas metano, con un ahorro de unos 40 millones de pesos al año.

 El impacto positivo a nivel climático de estas reducciones de bajo coste, si se logra que las normas se apliquen plenamente, conseguiría que México satisfaga aproximadamente el 10 por ciento de su compromiso internacional sobre el clima (COP21).



Ahora es el momento de que México exija que las regulaciones del metano se apliquen a las compañías de petróleo y gas extranjeras afincadas en sus territorios y que estas operen en el mismo nivel legal y normativo, que lo harían en los EEUU. 

Si esto no sucede, el crecimiento en este sector podría marcar el comienzo de una era de contaminación por metano, que en última instancia podría debilitar la capacidad de México para cumplir con sus objetivos climáticos y especialmente para proteger la calidad del aire de sus ciudadanos.







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